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   EL OBSERVATORIO PSI


10 / 09


PSICOANÁLISIS, SIGLO XXI: UNA APUESTA
*

Josep M. Panés



El testimonio que quiero aportar a esta Jornada tiene que ver con mi relación con el psicoanálisis, tanto en mi experiencia de analizante como en mi práctica como analista.

Desde esta doble vertiente, me pregunté qué podía escoger para hacer mi particular elogio del psicoanálisis, y encontré esta respuesta:

Lo más valioso, lo más importante, es para mí la dignificación que el psicoanálisis produce en la relación del sujeto con su goce, en un trayecto que comporta ciertas pérdidas y ciertas ganancias:

El psicoanálisis permite perder el goce dañino, sacrificial, la disposición del sujeto a dañarse y dañar a otros; también hace posible perder el pesado manto de los ideales con los que se había velado la verdad de ese goce, y hace caer las imágenes mentirosas con las que el sujeto pretendía ser reconocido por el Otro.

Las ganancias vienen por el lado de una reconciliación sorprendente con las causas de ese goce, rechazadas hasta entonces como los desechos de una vida, como aquello en lo que -en las antípodas de los ideales- era imposible reconocerse.

Esta doble operación produce una posición diferente, inédita, en la que el sujeto puede orientarse por el deseo y atravesar la barrera de la angustia: del otro lado, encuentra la responsabilidad verdadera y una alegría desconocida.

En El malestar en la cultura Freud se refería a la religión y la política como discursos engañosos que aportaban "un desconocimiento idealista de la condición humana". Hoy en día los mensajes de la religión y de la política han perdido peso en el discurso colectivo frente al discurso de la ciencia. Amparándose en su manto, el nuevo conductismo aporta su versión del "desconocimiento idealista de la condición humana", bajo la modalidad reduccionista que apunta a "descomponer hasta la necedad todo el dramatismo de la vida humana" (J. Lacan, Discurso a los católicos).

Un analizante me eximió de la Ley de protección de datos cuando, al despedirse, me dijo: "Ustedes deben tener reuniones y congresos: cuente mi caso". Su caso era el de alguien que insistió durante meses en hacer escuchar la culpa que le atenazaba y le mantenía hundido en una depresión para la que no había causa aparentes en su vida; el discurso imperante en cierto sector de la salud mental no le dejaba hablar, e insistía en el propósito de desculpabilizarlo, poniendo su malestar a cuenta de sus niveles de serotonina. Salió de la depresión cuando pudo hablar de su sentimiento de culpa, para llegar a decir que su depresión era consecuencia de "lo que había estado haciendo con su vida": aparentar ser un adulto, mientras vivía como un adolescente, evitando asumir tanto su deseo como sus responsabilidades.

La dignificación de su posición vino dada por el goce que consintió a perder -encarnar cierto ideal familiar de vida contemplativa- y por ciertos desechos que recuperó -escenas infantiles de goce: mirar, ser mirado- y a partir del cual recuperó una vocación profesional abandonada años atrás.

Creo que el manifiesto que hoy se presenta es, entre otras cosas, una apuesta por aquello que el psicoanálisis nos puede aportar en este siglo XXI: una orientación verdadera más allá de los ideales.


* Intervención del autor en el acto de presentación de la Plataforma Psicoanálisis Siglo XXI el pasado 3 de octubre, en la Casa del Mar (Barcelona)



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